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Música, historia e identidad se fusionaron en una experiencia sensorial única en el Pueblo Perdido de la Quebrada

El evento dejó una huella en la memoria colectiva de quienes participaron.

Música, historia e identidad se fusionaron en una experiencia sensorial única en el Pueblo Perdido de la Quebrada

El evento dejó una huella en la memoria colectiva de quienes participaron.

Bajo el cielo otoñal y el marco imponente del Pueblo Perdido de la Quebrada, una propuesta cultural inmersiva cautivó a turistas y residentes que se dieron cita para celebrar el Inti Raymi, la milenaria Fiesta del Sol de los pueblos originarios andinos. La jornada, organizada en el marco de la agenda “Vinos y Sabores” por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Municipalidad de la Capital, logró combinar patrimonio, música y emoción en un escenario cargado de significado histórico.

La iniciativa fue impulsada por el artista catamarqueño Juan Ignacio Molina, quien presentó parte de su última producción discográfica en un formato sonoro-inmersivo. La experiencia comenzó con una charla introductoria en el centro de interpretación, donde los asistentes pudieron contextualizar el ritual ancestral. Luego, ascendieron al sitio arqueológico, donde los esperaba un montaje cuidadosamente preparado con alfombras tejidas, almohadones y auriculares para cada espectador.

“Fue una experiencia silenciosa, íntima, donde la música se escuchaba increíble. Todo el público quedó maravillado, especialmente al vivenciarlo durante el atardecer, en un paisaje tan especial”, expresó Molina, visiblemente emocionado tras la presentación. “Proponer una experiencia que transmita identidad y que conecte con el legado ancestral en el día del solsticio de invierno fue muy significativo para nosotros como grupo. Superó todas nuestras expectativas”, agregó.

La propuesta artística no fue un simple concierto, sino un verdadero viaje sensorial. Las melodías andinas, reproducidas en un entorno natural y arqueológico, lograron trasladar a los presentes a tiempos remotos, donde el sol era venerado como símbolo de vida. “No se trataba sólo de escuchar música, sino de sentirla con la misma pasión con la que, hace miles de años, otros también la celebraron en este mismo lugar”, compartió Gustavo, uno de los asistentes.

El evento dejó una huella en la memoria colectiva de quienes participaron, consolidando al Pueblo Perdido de la Quebrada no solo como un sitio patrimonial, sino como un escenario vivo, donde la historia, la música y la identidad se funden para seguir contando quiénes somos.

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