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El futuro en duda para 6 de cada 10 estudiantes

Creen que su situación económica limita sus aspiraciones.

El futuro en duda para 6 de cada 10 estudiantes

Creen que su situación económica limita sus aspiraciones.

 

Un nuevo informe revela que la mayoría de los adolescentes de 15 años teme no tener recursos suficientes para continuar sus estudios. La presión familiar y la falta de información agravan un escenario desafiante para miles de jóvenes en el país.

 

La incertidumbre económica no solo golpea los hogares argentinos: también impacta de lleno en los sueños y expectativas de las nuevas generaciones. Un reciente informe revela que el 63% de los estudiantes de 15 años siente que su situación económica condiciona su futuro, una cifra que supera ampliamente el promedio de los países de la OCDE (52%) y que evidencia la fragilidad de los proyectos de vida de los jóvenes en contextos vulnerables.

El estudio, titulado “¿Qué piensan los estudiantes de 15 años sobre su futuro y la escuela?”*, fue elaborado por Sandra Ziegler (FLACSO Argentina), María Sol Alzú y Víctor Volman (Argentinos por la Educación), a partir de los resultados del módulo de bienestar, orientación y expectativas de la prueba PISA 2022.

Los resultados son contundentes: el 67% de los estudiantes de sectores de menores ingresos teme no poder hacer lo que desea al terminar la escuela, ya sea acceder a estudios superiores o insertarse en el mundo del trabajo en las condiciones que quisiera. En contraste, entre los sectores más favorecidos ese porcentaje baja al 55%.

La presión familiar, una carga silenciosa

Otro dato preocupante que surge del informe es el alto grado de presión familiar que sienten los adolescentes respecto a las decisiones sobre su futuro**. En Argentina, casi la mitad de los estudiantes (47%) manifiesta que su familia espera que elijan un camino específico —como asistir a la universidad, trabajar o aprender un oficio—. Se trata del valor más alto entre los países relevados en la región, y supera ampliamente al promedio de la OCDE (35%).

Esa presión se acentúa en los sectores más vulnerables: el 55% de los estudiantes del quintil socioeconómico más bajo la experimenta, mientras que entre los del quintil más alto la cifra baja al 38%.

“El informe muestra la tensión que viven los adolescentes entre lo que desean, lo que su contexto permite y lo que sus familias esperan. Esa triple carga es difícil de procesar para un joven de 15 años”, advierte Guillermina Laguzzi, especialista en Educación y Trabajo de la Organización de Estados Iberoamericanos. Y agrega: “Es fundamental que el sistema educativo trabaje en el desarrollo de habilidades generales y en la promoción de autonomía para la toma de decisiones”.

Lo que la escuela da... y lo que aún falta

A pesar del contexto desafiante, los estudiantes mantienen una valoración positiva sobre la escuela. El 76% asegura que lo aprendido podría ser útil para el mundo del trabajo, y el 64% considera que el colegio los ayudó a ganar confianza en la toma de decisiones. Ambos valores superan el promedio de la OCDE (67% y 57%, respectivamente).

Sin embargo, el acceso a la información sobre las alternativas educativas y laborales disponibles sigue siendo una deuda pendiente. Si bien el 65% de los estudiantes argentinos dice estar bien informado, ese número está por debajo de otros países latinoamericanos como Colombia (77%), Costa Rica (75%) o Perú (73%). Esto evidencia la necesidad de fortalecer los espacios de orientación vocacional y laboral en los últimos años del secundario.

“La escuela tiene que formar, sí, pero también orientar. Hoy eso está fragmentado, mal distribuido y, en muchos casos, depende más de la voluntad docente que de una política pública consolidada”, sostiene Juan Pablo Cmet, director general de la Fundación Córdoba Mejora.

La formación profesional, una alternativa con potencial

El informe también pone sobre la mesa el rol clave que podría tener la formación profesional como camino posible para miles de jóvenes que no encuentran en la universidad su destino inmediato. Gustavo Gándara, director de la Fundación UOCRA para la Educación de los Trabajadores Constructores, lo plantea con claridad: “La escuela logra transmitir aprendizajes valorados como útiles para el trabajo, pero no siempre suficientes para dar confianza en las decisiones. En ese marco, la formación profesional puede convertirse en una oportunidad estratégica”.

En esa línea, los especialistas coinciden en que el sistema educativo debe ampliar sus horizontes formativos, y ofrecer trayectorias diversas, articuladas con el mundo productivo, con el territorio y con las realidades de los estudiantes**.

Escuchar la voz de los jóvenes

“La mayoría de los estudiantes le teme al futuro, pero confía en la escuela”, resume Cmet. Una afirmación que interpela a todos los actores sociales: no solo al sistema educativo, sino también al Estado, las familias y el sector privado.

Para Sandra Ziegler, investigadora de FLACSO, uno de los principales aportes del informe es que “permite valorar la contribución de la escuela más allá de los aprendizajes formales y comprender cómo los estudiantes perciben su papel en la construcción de sus proyectos de vida”.

Acompañar a los jóvenes en ese proceso no es solo una cuestión educativa, es una decisión social y política: construir un país donde las condiciones económicas no definan los sueños de quienes apenas comienzan a imaginar su futuro.


 

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